Casa amoblada con parque al norte sobre la laguna, muelle y amarra propios sobre el canal, en Isla del Este.
Se llega en lancha, y esa es la primera condición que impone la casa: no está de paso hacia ningún lado. La construyó desde cero el dueño anterior, con un arquitecto que entiende cómo se construye en isla. Hace cuatro años pasó a manos del actual, que es el segundo dueño. Se usa los fines de semana, y duermen ocho personas sin apretarse.
El lote tiene treinta y cinco metros de frente sobre la laguna, y el parque baja abierto hasta el agua. La laguna está aislada del área navegable: se puede nadar, salir en kayak, hacer cualquier cosa que no lleve motor a explosión. Del otro lado del lote, sobre el canal, están el muelle y la amarra propios.
El parque mira al norte. En verano tiene sol todo el día; en invierno, cuando cambia el azimut, desde las once de la mañana ya lo tenés de lleno.
La construcción es clásica y está terminada: dos plantas, techo de tejas, arcos vidriados orientados al parque y carpintería de madera maciza. Los árboles son los que crecen acá —sauces, sobre todo— y el corte del césped lo hace el barrio.
El corazón de la planta baja es un salón de seis metros de altura. La escalera de mármol con baranda de hierro forjado no está escondida en un pasillo: ocupa el centro de la sala y ordena todo lo demás alrededor.
Sobre ese salón se alinean el estar con hogar a leña —que calefacciona de verdad, no está de adorno— y el comedor largo. Las ventanas están del mismo lado, así que a la tarde la luz entra en diagonal y atraviesa los dos ambientes de una sola vez.
La cocina tiene isla, mesada de granito negro y su propio comedor diario contra la ventana. Está abierta al salón pero no dentro de él.
Del otro lado, la galería con parrilla de hierro es la habitación que más se usa entre noviembre y marzo. Mesa larga de madera, lámparas de fibra y ventanales corredizos que se abren enteros. En invierno se cierra y sigue siendo un ambiente más de la casa.
El dormitorio principal es el único de la planta baja, y tiene salida directa al parque. Su baño en suite tiene una bañera puesta contra el ventanal: es la decisión de diseño más deliberada de la casa.
Arriba están los otros tres, todos en suite y con camas gemelas, repartidos por un hall vidriado sobre la laguna. Desde las camas se ve el agua, y lo primero que aparece al despertarse es la playa y el lago.
Cuando no la usan, la casa queda cerrada. Tiene tanque, bomba y alarma, y el estado general es bueno, con pintura para retocar.
Y una precisión que conviene hacer antes y no después: no queda FOT disponible para ampliar, y la arquitectura tampoco lo permitiría. Lo que se ve es lo que hay.